Santiago Quintana, fundador de Preserva, llegó a FIXA Ganadería 2022 con un mensaje disruptivo: el carbono puede ser la moneda del futuro del agro. Su charla propuso un cambio de paradigma en el que las buenas prácticas ambientales de los ganaderos ya no son solo gestos éticos, sino activos financieros que pueden comercializarse en el mercado internacional de bonos de carbono.
El punto de partida es claro: la ganadería puede ser regenerativa y, en muchos casos, ya lo es. Sin embargo, esa contribución no se ha capitalizado debidamente porque no se ha medido. Para resolver eso, Quintana y su equipo desarrollaron una metodología accesible para pequeños y medianos productores, que permite medir la captura de carbono en potreros, árboles, suelos y otras estructuras ecológicas. Este sistema se apoya en tecnologías satelitales, sensores de campo e inteligencia artificial, lo que facilita el cálculo preciso del impacto ambiental de cada finca.
El caso de “Café Doña Marta”, una finca cafetera en Risaralda, fue ilustrativo. Luego de validar su huella de carbono con Preserva, logró vender sus excedentes de captura a una entidad bancaria en Canadá. Esta operación representó no solo una fuente adicional de ingresos, sino también una poderosa historia de sostenibilidad que mejoró el posicionamiento del producto en el mercado internacional. Según Quintana, este modelo es perfectamente replicable en la ganadería, e incluso más rentable, debido a la capacidad del suelo y del pasto para fijar carbono atmosférico.
Además, explicó que los bonos de carbono no son una fantasía lejana reservada para grandes multinacionales. Hoy existen mercados voluntarios que permiten transacciones desde pocas toneladas hasta volúmenes industriales. El secreto está en generar confianza: trazabilidad, certificaciones verificables, y sobre todo, historias reales de transformación. Quintana también destacó que, más allá del valor económico, estos procesos abren puertas a nuevos mercados, alianzas con marcas responsables y una reputación ganadera fortalecida ante el consumidor final.
El mensaje final fue una invitación directa a los ganaderos: “No esperen a que el Estado los certifique. Empiecen midiendo su impacto. La sostenibilidad no es filantropía: es una estrategia para competir y sobrevivir”. En un mundo donde el carbono ya se transa como un activo, cada árbol, cada pastura y cada metro cuadrado cuenta. Y si se mide bien, se puede vender bien.
Fuente: FIXA ganadería versión 2022

